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sábado, 26 de abril de 2014

A PROPÓSITO DEL PADRE CÓRDOBA


Por Eduardo Martínez Benavente


No es mi intención contribuir al desdoro que ha sufrido la Iglesia Católica en San Luis Potosí por las denuncias de abusos sexuales que han sido encauzadas en contra de varios religiosos en los últimos años y que han mermado su credibilidad y prestigio. Ni pretendo hacer eco de las críticas cargadas de odio y sesgos ideológicos que ventilan sus enemigos que quieren hacer creer que se trata de una conducta generalizada, aunque sí, desgraciadamente, de "bastantes" sacerdotes como acaba de reconocer el Papa Francisco.

Tampoco tengo pruebas para asegurar que el conocido e influyente sacerdote Eduardo Córdoba Bautista es un pederasta clerical, si acaso podemos decir de él que es un indiciado, o un presunto delincuente al que se le señalan conductas deshonestas, y que la Santa Sede, después de 10 años parece que no ha definido su situación jurídica. Los recursos e instancias para dilatar una sentencia definitiva en Roma son muy parecidos a la tortuosidad de nuestros procedimientos penales. Todavía no sabemos si el padre Córdoba es culpable o inocente, no obstante las denuncias que pesan sobre su persona y que el arzobispo Carlos Cabrero Romero reconoció que existen en la entrevista que publicó "Pulso" el 11 de abril.

En el audio se puede escuchar la voz titubeante del prelado, esquivo a sabiendas de que cualquier palabra de más podría transgredir las fronteras de la versión oficial. Sin apuntes y a veces contradictorio, pues en una parte de la entrevista reconoce que la Iglesia no se ha pronunciado, sin cuidar que más adelante afirma que "se dio una sentencia pero no fue una sentencia para quitar el derecho al ejercicio ministerial". Probablemente quiso decir que no ha sido expulsado del estado clerical, que es la pena con la que la Iglesia, según el canon 1395-2 del Código Canónico, sanciona a los clérigos que infringen el sexto mandamiento del Decálogo, cuando ese delito haya sido cometido con violencia o amenazas, o públicamente o con un menor que no haya cumplido 16 años. Sin estos agravantes la falta sólo sería un pecado, más no un delito. 

En dos ocasiones ha insistido el superior eclesiástico que los procesos de formación en los seminarios deben ser más exigentes y estar muy atentos a que los alumnos "no lleguen con determinados problemas de una vida media conflictiva..." Y que "quien no pueda, que deje el ministerio o no entre al Seminario, Tal vez falló. Todo viene desde muy atrás, tal vez de origen familiar". El canon 241-1 del mismo Código impone a los obispos la obligación de admitir en los seminarios sólo a "aquellos que, atendiendo a sus dotes humanas y morales, espirituales e intelectuales, a su salud física y a su equilibrio psíquico y a su recta intención, sean considerados capaces de dedicarse a los sagrados ministerios de manera perpetua". Para muchos potosinos no es un secreto las tragedias familiares que han consternado la vida del ex abogado de la arquidiócesis. Puede ser que a esos antecedentes se haya referido el señor arzobispo. 

Hay que reconocerle a don Carlos que en esa entrevista tuvo el valor de enfrentar a la prensa y admitir el problema por demás penoso y amargo. Cualquier otro se hubiera quedado callado esperando que el tiempo borrara el escándalo; pero en ese momento prefirió salir al quite de su vocero, el presbítero Juan Jesús Priego, quien torpemente negó los hechos y trató de descalificar al denunciante, el ex sacerdote Alberto Athié y a la periodista Carmen Aristegui, que le dio el espacio en su programa, a quienes conceptuó como "resentido" y "sensacionalista", respectivamente; rematando que juntos hacían un buen coctel. 

Sin embargo, el 14 de abril, en uno de los diarios de mayor circulación del estado, declaraba el arzobispo que "El Vaticano desconoce el caso del Padre Córdoba..." y agregaba que sólo ha recibido quejas de dos matrimonios que lo acusan, pero que no le llevaron pruebas ni cuentan con ellas. Que ha platicado con el Padre, quien le asegura tener la conciencia tranquila y que está en espera de que se aclare el problema lo más pronto posible, pues se dijo inocente de toda culpa. Bastaron tres días para que le diera un giro totalmente distinto a la situación que enfrenta el Padre Córdoba. Athié asegura que son más de 100 los menores afectados. Es muy difícil para la Iglesia admitir lo que está sucediendo, como reconoció Benedicto XVI en su carta a los obispos irlandeses: "Tardamos en creer". Había denuncias, pero no le crían a las víctimas 

No me imagino que entre los "grupos de papás" que reconoce el arzobispo potosino que se le han acercado para denunciar los abusos que sufrieron sus hijos pudiera existir una confabulación con el propósito de incriminar y arruinar la reputación del Padre Córdoba si no estuvieran ciertos de la versión de sus vástagos. No concibo que pudieran ser capaces de cometer tal vileza acusando a un inocente. También entiendo que no hayan denunciado los abusos sexuales ante las autoridades civiles porque seguramente consideran que no son confiables ni efectivas. Por otra parte me sorprende que ninguna presunta víctima o sus familiares hayan armado un escándalo reclamándole públicamente su proceder en alguna de las miles de ceremonias que ha oficiado durante todos estos años. Narra Séneca que los sirvientes del Circo Romano encontraron un método para irritar a las bestias poco antes de enviarlas arriba desde los subterráneos de la arena, pues asustadas por la algarabía de los espectadores, enfermas o debilitadas por una prolongada cautividad se negaban a salir de sus jaulas. Para ponerlas feroces se mostraban ante ellas en el último momento atormentando a sus crías. Y así la naturaleza feroz de los animales se animaba y el amor hacia sus cachorros las hacía del todo indomables y las empujaba como enloquecidas contra las lanzas de los cazadores y los cuerpos de los mártires cristianos.


Puede ser que las primeras quejas que presentaron los padres agraviados hayan sido desestimadas por las autoridades eclesiásticas y que el sacerdote inculpado las negara rotundamente; pero si el modo de operar del presunto delincuente hubiera sido el mismo o muy parecido en todos los casos que conocían, así como las circunstancias en las que se producían las agresiones, entonces no habrían tenido más remedio que aceptarlas como válidas y turnar el expediente a Roma para que lo sancionaran, independientemente de que el arzobispo, que inicialmente conoció el caso, lo suspendiera de inmediato. 

domingo, 13 de abril de 2014

A la memoria de un luchador

SEGUNDA Y ÚLTIMA PARTE

Por Eduardo Martínez Benavente

Sólo la paranoia del gobierno federal podría explicar la violenta represión que sufrió el movimiento navista. La ocupación militar de la ciudad en 1961 no era retórica, así como el estado de sitio y la cancelación de todas las garantías individuales, a tal grado que el secretario de la Defensa Nacional había ordenado a la comandancia de la 12a. zona militar hacer del conocimiento de los potosinos, como ya se le había notificado personalmente al doctor Nava, que quedaba prohibido hacer uso de las oficinas del comité navista, celebrar mítines o manifestaciones de ninguna naturaleza, o la concentración de personas en las calles; y que serían evitados en cumplimiento de órdenes superiores que el cuartel general haría cumplir en la forma que fuera necesario.
El 15 de septiembre por la noche con motivo del Grito de Independencia hubo una balacera en la Plaza de Armas orquestada por el propio gobierno en la que murieron varios policías y civiles. Se apagaron las luces y nunca se supo cuántos fallecieron. Era una provocación destinada a incriminar al doctor Nava y aterrorizar al movimiento. La represión y encarcelamiento no se hizo esperar. Decenas de navistas fueron perseguidos y golpeados. Nava y algunos de sus seguidores más cercanos fueron enviados al campo militar número uno. El periodista Miguel Ángel Granados Chapa, biógrafo y confidente del doctor Nava, explica en su libro "Nava sí, Zapata no", los probables motivos de la sobrada reacción del gobierno de López Mateos para aplastar al movimiento. Narra que el 10 de septiembre anterior habían sido aprehendidos en la ciudad de México el general Celestino Gasca y el dirigente del Partido Nacionalista de México, Jorge Siegrist, acusados de preparar un levantamiento armado contra el gobierno. El secretario particular de Gasca, Nicolás Araujo, fue señalado como enlace entre el militar y el líder potosino, quien admitió conocer a Araujo, pero solo como paciente. La navista e investigadora Lidia Herrera está a punto de concluir un libro en el que coincide y profundiza sobre el tema.
Tiempo después, el 5 de febrero de 1963 fue nuevamente aprehendido y esta vez torturado en el Charco Verde. Otros de sus colaboradores corrieron con la misma suerte. El movimiento se replegó ante tanta represión. Solo quedaba la lucha armada, y Nava era radical más no violento. 20 años después resurgiría para combatir otro caciquismo, el del gobernador Carlos Jonguitud.
En los últimos meses de 1990, el doctor Nava se encontraba en el Hospital de Nutrición en la ciudad de México, aquejado por el cáncer. Unos meses antes se le había pedido que encabezara de nuevo la lucha y aceptara ser el candidato a gobernador de una amplia coalición de partidos y organizaciones políticas. Desde el Hospital nos pedía que pensáramos en otra persona para la candidatura. Todavía bajo los estragos de la quimioterapia aceptó el reto y se lanzó con todo por el triunfo electoral. En 1991 se formalizó la primera coalición en el país en la que el PRD y PAN, conjuntamente con el PDM postularon a un mismo candidato a la gubernatura del estado. Advertimos de inmediato que nos topábamos con partidos sin infraestructura ni recursos y escasa militancia, por lo que se tuvo que armar una coalición prácticamente de cero.  
La aportación más valiosa que hizo el doctor Nava para democratizar la vida política del país fue la ciudadanización de los organismos electorales que buscaba que personas sin vínculos ni intereses con el gobierno y los partidos políticos se hicieran cargo de los procesos electorales. San Luis Potosí fue la primera entidad que le arrebató esa función al gobierno del estado. Cuando el doctor contendió en 1991 por la gubernatura del estado, el secretario general de gobierno era la máxima autoridad del organismo encargado de organizar las elecciones, de designar funcionarios de casilla y otras autoridades, de ordenar y vigilar indirectamente la impresión y distribución de boletas electorales y por si fuera poco, estaba bajo su control el padrón electoral. El partido en el poder disponía libremente de los recursos materiales y económicos del gobierno para que sus candidatos promovieran y compraran el voto ciudadano, sin que nadie lo sancionara.
Eran dueños del balón, de la cancha, del árbitro y de las reglas; y si el PRI reconocía una derrota era porque la habían negociado pues era imprescindible seguir jugando a la democracia. Era desalentador contender bajo estas condiciones: y sin embargo el doctor Nava, que no era ningún ingenuo o novato en estas batallas y que como pocos conocía la perversidad del sistema, aceptó registrarse a sabiendas de la inequidad y trampas con las que se enfrentaría. Quizás con una leve esperanza de que en esa ocasión se respetaría el voto porque el presidente Carlos Salinas se lo había prometido, quien como una medida de cálculo político lo buscaba y procuraba para dar una imagen de apertura democrática, lo que traía muy nerviosos a los priistas. La relación se deterioró cuando Salinas le pide que tenga cuidado con las personas que se le acercan, en clara alusión al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas que era su acérrimo enemigo. El doctor se molesta y le aclara que sabe bien lo que hace. La gente de dinero, que antes lo había seguido, también retira su apoyo a Nava con el pretexto de que la izquierda lo rondaba.  Sabía que su sacrificio -por lo menos- movería conciencias para lograr reformas sustanciales.

Las condiciones que ponían en desventaja a la oposición eran insuperables, por eso, en diciembre de 1991, con motivo de las elecciones municipales, el doctor Nava como una estrategia para forzar la reforma electoral instó a los partidos que formaron la coalición a abstenerse de participar. El PAN fue el único que registró candidato en la persona de Mario Leal Campos, cuando unos días antes, como presidente estatal de ese partido había firmado un convenio con los otros representantes de la coalición en el que se comprometía a hacer el gran vacío y no participar. Sólo el 26.1% de los electorales acudió a las urnas. Mediante una turbia negociación en la que intervino Diego Fernández de Ceballos le reconocieron el triunfo al traidor. 

domingo, 6 de abril de 2014

A la memoria de un luchador


Por Eduardo Martínez Benavente

Quiero reconocer la buena disposición del rector Manuel Fermín Villar por permitir que un evento de esta naturaleza se celebre en el patio central del edificio más emblemático de esta casa de estudios. No es común que la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, a la que algunos consideramos monacal, sin compromiso social y plataforma de lanzamiento desde la que sus directivos se postulan para ocupar cargos de elección popular por el Partido Revolucionario Institucional, abra sus puertas de par en par para homenajear a un destacado opositor al gobierno. En esta ocasión para conmemorar el primer centenario del nacimiento del doctor Salvador Nava Martínez, ilustre universitario, ex director de la Facultad de Medicina, líder incuestionable, que conjuntamente con su hermano Manuel, ex rector de la Universidad y muchos otros maestros y alumnos gestaron en este sitio un movimiento de resistencia y dignidad que lleva su apellido para luchar en contra del cacicazgo de Gonzalo N. Santos, en una época en la que no se toleraban disidencias ni críticas. Aquí emprendió la lucha por lo que sería su principal motivación política: instaurar la democracia que conlleva la justicia y libertad de las personas.

La mayoría de los jóvenes potosinos no saben quién fue el doctor Salvador Nava Martínez. Vemos con tristeza que su nombre a lo único que les suena es a la denominación de una fatídica avenida, la más peligrosa de la ciudad, en la que ocurren cientos de accidentes al año; pero desconocen por completo su vida y obra; por eso, en el centenario de su nacimiento, los que nos identificamos con su movimiento civilista sentimos la necesidad de dar a conocer la semblanza de un hombre excepcional y recordarlo con todos aquellos que lo conocieron. Se trata de un potosino íntegro que cimbró a la sociedad en diferentes etapas de nuestra historia. Desde luego que son insuficientes estos cuantos renglones para proyectar la dimensión de Nava, pero bien podemos dar unas pinceladas de algunos aspectos destacados de su vida.

Fue un hombre honesto y honrado desde el punto de vista político y personal. Un dirigente carismático con un liderazgo que electrizaba a las multitudes que lo escuchaban y obedecían sin cuestionamientos y con un asombroso poder de convocatoria. No fue un orador de gritos ni discursos escritos. Poco le importaba su calidad discursiva y el orden y planteamiento de sus ideas. Fue un incendiario que prendió conciencias, Sabía escuchar y respetar a sus críticos. Atendía al dictado de su conciencia de su perspectiva de la vida y de su amor por un pueblo que también lo amó. El empeño y sacrificio de Salvador Nava no se fincó en la consecución de beneficios personales, sino en su vocación de servicio. No sucumbió al espejismo del poder ni a las amenazas de los poderosos. Alguna vez se le privó de su libertad física, pero jamás de su dignidad y libertad interior. Recuerdo el esfuerzo económico que tuvo que realizar para pagar con su peculio hasta el último centavo de lo que se quedó a deber con motivo de su campaña electoral. No había financiamiento público.

Tenía el don de congregar a su alrededor a personas de las más distintas ideologías y filiaciones políticas que creían que el doctor comulgaba con sus ideas. Los de izquierda sentían en él a su más valioso representante que atendería preferentemente el rezago social. El trato cordial que prestaba a la gente humilde era verdadero, no era simulado. Como médico de obreros y asalariados se le había forjado un carácter que le permitió un trato amable para con la gente pobre que le pagaba por sus servicios lo que podía. Los de derecha y algunos empresarios que lo apoyaron creían que Nava era garantía de orden, decencia y progreso; y que protegería sus intereses. En 1958 integró su cabildo y equipo de trabajo con comunistas, sinarquistas, panistas y desde luego navistas que habían participado en su campaña por la presidencia municipal. En esa ocasión participó como candidato independiente, su nombre no aparecía en las boletas, por lo que se entregaron a sus seguidores engomados que debían adherir a la papeleta. Durante su administración fue la primera vez que oímos hablar de transparencia porque todos los días informaba de los movimientos del gasto público del Ayuntamiento.

Para algunos que tuvimos la oportunidad de conocer al doctor Nava lo conceptuábamos como un socialdemócrata por defender los valores y principios de esa corriente política como la justicia social, la dignidad humana y la democracia. Estaba convencido de que esos objetivos sólo se lograrían a través de la participación ciudadana. Era pacifista y apartidista; y probablemente agnóstico. Sabía que la violencia genera altos costos y dolor para los ciudadanos, por eso cuando cundió el desencanto con motivo del fraude electoral de 1991, su honestidad personal le impidió lanzarlos a una aventura y los despachó a sus casas en espera de nuevas acciones, todas pacíficas, que lograron que Fausto Zapata renunciara a la gubernatura.


En las elecciones del 91, el padre Darío Pedroza, vocero del arzobispado potosino y otros 26 sacerdotes se pronunciaron en un desplegado en el que conociendo las cifras y observaciones de organizaciones independientes que consideraban fidedignas, condenaban el resultado pues las anomalías que se habían registrado ponían en tela de juicio la validez del proceso electoral. El comunicado invitaba a los que habían obrado de mala fe y nuevamente habían engañado al pueblo a convertirse y reparar el daño e instaban a poner las bases para que los siguientes procesos electorales fueran verdaderamente democráticos con la finalidad de seguir participando activamente en la conformación de una sociedad más justa. En pocas ocasiones la Iglesia se ha pronunciado de manera tan clara y contundente como en esa crisis política.